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Semana Santa y Ermitas

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En el corazón de la Quebrada de Humahuaca, esta tradicional celebración mixtura creencias y costumbres norteñas con la imaginería católica en una emotiva fiesta que atrae a lugareños y turistas de todo el mundo

Declarada de interés nacional por el Senado de la Nación, la Semana Santa en Tilcara alcanza ribetes excepcionales, que se expresan tanto en la multitudinaria peregrinación hacia y desde el Santuario de la Virgen de Copacabana y Punta Corral el día miércoles, como en las majestuosas ermitas, hermosas obras de artesanía –tipo mural– elaboradas con flores, hojas, semillas y frutos del lugar, que representan las distintas estaciones del Vía Crucis de nuestro Señor y que alcanzan su máximo esplendor el Viernes Santo por la noche, luego de la procesión del Cristo Yacente, cuando son iluminadas.

Las Ermitas, son creaciones artísticas tipo murales realizadas con flores, semillas, tierra, frutos, hojas, tallos, maderas, cáscaras, piedras, etc. Se confeccionan cuidadosamente sobre paneles de lienzo enmarcados en madera y llegan a alcanzar una superficie de 10 m cuadrados. Se desarrollan de manera colectiva y comunitaria para acompañar en la noche del Viernes Santo el paso de la procesión con el Cristo Yacente por las principales calles de Tilcara.

En 14 esquinas las ermitas quedan expuestas durante tres días representando las estaciones de la Pasión de Cristo. Son guardadas cuando termina la procesión del Domingo de Pascua como evidencia de la religiosidad de un Pueblo, el trabajo colectivo y como confirmación de la identidad de los tilcareños.

La preparación de las Ermitas convocan a abuelos, niños y jóvenes de familias y barrios que deciden representar un fragmento de la vida de Jesús, consiguen los paneles, traen semillas flores, hojas y demás elementos naturales para empezar a trabajar.

 Estas obras de arte e imaginería popular son únicas en todo el país. 
 

La Semana Santa llega acompañada por el sonido de los sikuris devotos de la Virgen de Nuestra Señora de Copacabana.El lunes Santo las bandas de sikuris comienzan a llegar de todos lados. Muchas son del Pueblo mismo y otras bajan de los caseríos más remotos con su devoción y promesas.

Al compás de los sikus -y de los bombos, platillos, maracas y redobles que también las componen- se encolumnan en la puerta de la Iglesia de Tilcara para recibir la bendición. Van ingresando de rodillas mientras soplan las adoraciones (una variación musical) y al llegar al púlpito descubren sus cabezas y el sacerdote -que ya los ha llamado por su nombre y ha recordado el origen y la historia de cada grupo- los asperja con agua bendita. Luego se retiran sin dar la espalda al altar. Y así, entre marchas y dianas, suben al Santuario del Abra de Punta Corral, a celebrar a la Mamita de los Cerros a casi 4.000 metros de altura.

El Miércoles Santo la imagen desciende a Tilcara, a hombros de los devotos. El Viernes Santo se colocan las ermitas en las esquinas.. Cuando oscurece, los portales de la iglesia se abren de par en par y Cristo es descendido de la cruz y colocado en posición yacente. Escoltado por morenos centuriones recorre esta suerte de altares, junto con una imagen de la Madre Dolorosa. Grandes multitudes se congregan en el pueblo esa noche.

El Sábado Santo las mujeres tilcareñas repiten el Vía Crucis portando sobre sus hombres a La Dolorosa, y el domingo se retiran las ermitas antes de que caiga el sol. Cada familia dispone de la suya: algunas vuelven a las casas y otras van al Museo, pero también hay dos en el Arzobispado de Jujuy y una en la iglesia. Al año siguiente -y todos los años- serán renovadas con el mismo, compartido fervor.

 

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